26 agosto 2008

QUE SERÍA DE NOSOTROS SIN LAS EFEMÉRIDES?

En el año 1914 nacía 1914 en Bruselas, -hijo de padres argentinos- el refinado escritor, nacionalizado francés, Julio Florencio Cortázar Scott, autor de "Rayuela", "Historia de Cronopios y de Famas" y de un sin fin de obras de enumeración tediosa por reiterativa. Leamos, mejor, algo de él a guisa de “sencillo, pero no por eso menos emotivo homenaje”:



CONSERVACIÓN DE LOS RECUERDOS
Los famas para conservar sus recuerdos proceden a embalsamarlos en la siguiente forma: Luego de fijado el recuerdo con pelos y señales, lo envuelven de pies a cabeza en una sábana negra y lo colocan parado contra la pared de la sala, con un cartelito que dice: «Excursión a Quilmes», o: «Frank Sinatra».
Los cronopios, en cambio, esos seres desordenados y tibios, dejan los recuerdos sueltos por la casa, entre alegres gritos, y ellos andan por el medio y cuando pasa corriendo uno, lo acarician con suavidad y le dicen: «No vayas a lastimarte», y también: «Cuidado con los escalones.» Es por eso que las casas de los famas son ordenadas y silenciosas, mientras en las de los cronopios hay una gran bulla y puertas que golpean. Los vecinos se quejan siempre de los cronopios, y los famas mueven la cabeza comprensivamente y van a ver si las etiquetas están todas.
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CAZADOR DE CREPÚSCULOS
Si yo fuera cineasta me dedicaría a cazar crepúsculos. Todo lo tengo estudiado menos el capital necesario para el safari, por que un crepúsculo no se deja ver así nomás, quiero decir que a veces empieza con poquita cosa y justo cuando se lo abandona le salen todas las plumas o inversamente es un despilfarro cromático y de golpe se nos queda como un loro enjabonado, y en los casos se supones una cámara con una buena película de color, gastos de viaje y pernoctaciones previas, vigilancias del cielo y elección del horizonte más propicio, cosas nada baratas. De todas maneras, creo que si fuera cineasta me las arreglaría para cazar crepúsculos, en realidad un solo crepúsculo, pero para llegar al crepúsculo definitivo tendría que filmar cuarenta o cincuenta por que si fuera cineasta tendría las mismas exigencias que con la palabra, las mujeres y la geopolítica.
No es así y me consuelo imaginando el crepúsculo ya cazado, durmiendo en su larguísima espiral enlatada. Mi plan: no solamente la caza sino la restitución del crepúsculo a mis semejantes que poco saben de ellos, quiero decir la gente de la ciudad no ve ponerse el sol, si lo ve, detrás del edificio de correos, de los departamentos de enfrente o en un subhorizonte del antenas de televisión y faroles de alumbrado. La película sería muda, o con una banda sonora que registrara solamente los sonidos contemporáneos del crepúsculo filmado, probablemente algún ladrido de perro o zumbidos de moscardones, con suerte alguna campanita de oveja o un golpe de ola si el crepúsculo fuera marino.
Por experiencia y reloj pulsera sé que un buen crepúsculo no va más allá de veinte minutos entre el clímax y el anticlímax, dos cosas a eliminar para dejar tan sólo su lento juego interno, su caleidoscopio de imperceptibles mutaciones; se tendría una película de esas que llaman documentales y que se pasan antes de Brigitte Bardot mientras la gente se va acomodando y mira la pantalla como si todavía estuviera en el ómnibus o en el subte. Mi película tendría una leyenda escrita (acaso una voz en off) dentro de estas líneas: “
lo que va a verse es el crepúsculo del 7 de Junio de l976, filmado en X con película M y con cámara fija sin interrupción durante Z minutos. El público queda informado de que fuera del crepúsculo no sucede absolutamente nada, por lo cual se aconseja proceder como si estuviera en casa y hacer lo que se le de la santa gana, por ejemplo, mirar el crepúsculo, darle la espalda hablar con los demás, , pasearse, etc. Lamentamos no poder sugerirle que fume, cosa siempre hermosa a la hora del crepúsculo pero las condiciones medievales de las salas cinematográficas requieren como se sabe la prohibición de este excelente hábito. En cambio no esta vedado tomarse un buen trago del frasquito que del distribuidor de la película vende en el foyer.
Imposible predecir el destino de mi película; la gente va al cine para olvidarse de sí misma, y un crepúsculo tiende precisamente a lo contrario, es la hora en que acaso nos vemos un poco más al desnudo, a mí en todo caso me para, y es penoso y útil; tal vez que otros también aprovechen, nunca se sabe
.”


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Si ustedes supieran lo que me costó decidirme.... pero no me quejo: al final he vuelto a leer cosas maravillosas de este tipo.

Por la atención dispensada, muchas gracias. (a.,)

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