08 junio 2012

LOS CIRCULOS


Hoy pensaba en los círculos que es una familia. Por ejemplo, empezando por mi papá y la Pila, que un día, viniendo de otros círculos se juntaron y cayeron juntos en el mar de la vida comouna piedra al agua, con la misma consecuencia: generar una serie de ondas que se propagaron de modo concéntrico otro círculo en el que estábamos mis dos hermanas y yo.
Por nuestra parte, cada uno de los integrantes de ese círculo nos juntamos una pareja y generamos, a la vez otro círculo. En el segundo anillo estábamos Mely y Alberto, Pelusa y Sergio y Silvia –la mamá de mis hijos mayores– y yo.
De ahí se generó un tercer eslabón con los descendientes del segundo: Andrea, Martín, Paula y Ramiro Anzorena; Sergio Pablo y Rafael Muriel, y María Paloma y Alfio Martín Araujo ... y las olas que se van alejando haciendo hondas ondas. Alejándose de ese centro formado por el Alfio D. y la Josefina Ureta. Pero, a la vez creando otro centro desde donde se van expandiendo.
En eso pensaba y sentí un profundo dolor al saber que partió uno de la segunda línea de ese circulo que ha pasado a ser el primero. En centro, en realidad, dada mi unicidad militando en lo que fue en su momento el segundo. No se si se entiende: el único que queda de lo que supo ser el segundo cerco soy yo, por que miré a mi alrededor, tomé lista y nadie levantó la mano diciendo "presente señorita". Están todos, lo se. Los siento, los llevo conmigo, pero el pañuelo que me alcanzaron no secaba las lágrimas de mis ojos. Sólo las del alma; no es poco, lo se, pero a veces extraño…
Claro que por una extraña bendición de la vida, que agradezco cada día de mi vida, he vuelto con todo mi camino a no sentirme solo gracias a Amancay y su/nuestra descendencia. Pero volví a decir en voz alta lo que le dije a la Mely cuando partió la Pelusa: "nos están pegando cerca las balas, camarada."
Entonces como el mejor representante de ese círculo (alguna ventaja tiene que tener ser el único) lancé esta recomendación: Chicos, mas vale que nos veamos aunque sea una vez más. No vaya a ser cosa que empecemos a juntarnos para los velorios. Los abrazo con el alma. Especialmente a vos, Rafael que has perdido un hermano, un amigo, un compinche y alguien por quien, aun puteando te preocupabas.
Levantemos las copas por los que se nos adelantaron. Yo espero demorarme un poco más todavía.
Y Andrea me responde esto:
circulos ..y redes como telas de araña es la familia...estoy haciendo la auto biografia para mi tesis ..y la puta que lo pario... me cambian las fichas a cada rato y estoy cansada de llevarla tan pegada segando todo a mi alrededor sin darme tiempo a respirar
.....en fin ...es bueno saber que contamos con vos ..o por lo menos para mí… porque siento que vamos quedando guachos aunque la fuerza de los anteriores empujen fuerte y vengan los nietos y mas primos. Pero estos no son compañeros de ruta, son a los que tenemos que ir guiando y mostrando. Mi copa está levantada... mi luz esta prendida mi rezo esta elevado.....buen viaje Pablito ( el más hincha pelotas) y voy a llorarte hasta reventar, porque estoy cansada de hacerme la fuerte!!! honro y respeto tu destino y aquí me quedo un tiempo más.....
PARAO (CON VICENTINO)
Hay quien ve la luz al final de su tunel
Y construye un nuevo tunel, pa´ no ver,
Y se queda entre lo oscuro, y se consume,
Lamentando lo que nunca llegó a ser.
Yo no fui el mejor ejemplo y te lo admito,
Fácil es juzgar la noche al otro día;
Pero fui sincero, y éso sí lo grito,
Que yo nunca he hipotecado al alma mía!
Si yo he vivido parao, ay que me entierren parao;  bv
Si pagué el precio que paga el que no vive arrodillao!
La vida me ha restregao, pero jamás me ha planchao.
En la buena y en la mala, voy con los dientes pelaos!
Sonriendo y de pie: siempre parao!

Las desgracias hacen fuerte al sentimiento
Si asimila cada golpe que ha aguantao.
La memoria se convierte en un sustento,
Celebrando cada rio que se ha cruzao.
Me pregunto, cómo puede creerse vivo, 

La iluminación Rembrandt



Estudiando las Escuelas y los Movimientos artísticos que en el mundo han sido (no todos, obviamente) recordé algo que alguna vez habremos dicutido, conversado con otros fotógrafos: La iluminación Rembrand, que lleva su nombre en razón de la técnica utilizada por este genio de la pintura.
Existen retratos en los cuales se nota una pequeña luz debajo de un ojo en sombra, de eso se trata y se denomina de ese modo dada la cantidad de obras en las cuales recurre a ella en sus retratos al óleo, consistente en aplicar una fuente de luz por encima de los ojos del modelo y conseguir que la som­bra en la parte no ilumi­nada dejara un pequeño trián­gulo debajo del ojo a causa de la sombra de la nariz.
La zona de sombra de la cara tiene una pequeña iluminación.
Muchos fotógrafos la utilizan sin saber su origen, lo cual, si bien no es imprescindible para lograr un buen retrato, por lo menos es bueno conocer de dónde venimos para saber hacia a dónde vamos
Esta técnica de ilumina­ción se utiliza en retratos, y aunque parece una algo nimio, le da un punto a la fotografía muy intere­sante. ¿Cómo se con­sigue en la actualidad? Pues prácticamente igual a como hacía Rembrandt, única­mente hay que po­ner una fuente de luz (na­tural o artificial) por en­cima de la vista del mo­delo, incidiendo sobre él preferente­mente 45º, aun­que se puede conse­guir con otras gra­duacio­nes depen­diendo de la po­sición de la ca­beza y del tamaño. Tam­bién se pueden utilizar pantallas para sua­vizar la luz o añadir detalles, pero esto ya se aleja de la téc­nica tradicional, por lla­marla de alguna manera.







12 mayo 2012


Por ahí anda la Emilia, en los  quehaceres de la  mañana, tras­teando des­pacio. No quiere des­per­tar a su ma­rido, el Fer­mín, que se ha ama­necido re­gando.
 Anoche le ha tocado el turno del agua[1] y han an­dado hasta las tantas las luciérnagas blan­cas de los faroles Sol de Noche entre las hile­ras y en los cuar­teles de los parrales. ¿Botas de  goma...? Qué van a tener botas de goma, alpar­gatas y gracias.  Por eso han vuelto los hom­bres a las casas ateri­dos y mudos, con los dien­tes enclavijados por la helada.
 -"Qué loco este Fermín... -se dice la Emilia-, to­davía me acuerdo de aquella tarde de do­mingo cuando me puso de cara al cielo en la chi­pica[2]. Fue ya sobre el final del verano, en un pa­seo por los fondos de las fincas, allá donde topan con el zanjón La Hedionda...[3]".
 Le había hecho el amor siguiendo, ciego, sus im­pulsos de muchachón, entre el canto chi­rriado de las chiriguas[4] y el festejo zumbón de las abe­jas que tenían su propia vendimia   en la me­lesca[5] sin co­nocer de domingos.
-"Ahora nosotros tampoco conocemos de do­min­gos..."  -piensa en voz alta la mujer-.
 "Lo conocí a principio del mismo verano, en una fiesta e n la casa de la Carmen Zam­ba­taro (las mocosas de ahora a esas fiestas las llaman ma­lón).  La mamá y la tía de la Car­men nos cuida­ban sen­tadas en el mismo rin­cón donde estaba el Winco y de ahí salía el Leo Dan can­tando: "Estelita qué linda que está..." o "Santiago que­rido Santiago ado­rado..." pero el.que más nos gustaba al Fer­mín y a mí era: "...La conocí un domingo ha­blamos de pa­sión...".
 No pudo evitar sonrojarse, pese al tiempo trans­currido, al recordar la vergüenza que pa­saba cuando él, con doble intención se la can­taba de­lante de la mamá, después de aquella tarde de domingo, y a ella, pobre Emilia, le pa­recía que se le notaba en la cara.
-"En la fiesta, todas las chicas rumiábamos el chi­clé y mirábamos a los varones, que, codo a codo en la otra esquina de la pieza desocu­pada para tener espacio donde bailar, junta­ban co­raje ha­ciéndose los indiferentes, los hombres con el ciga­rrillo en la mano: Las Ve­gas, Sara­toga, Gál­veston y aquellos que el Fermín me convi­daba pi­tadas, los mentola­dos esos... pu­cha no me acuerdo cómo se llama­ban".
 Pero eso fue después. Antes, la Carmen me lo había presentado formalmente:
-Éste es el Fermín, Emilia... es un primo que vive en el campo. Anda de visita, pero me pa­rece que tiene ganas como de quedarse.
Si hubo alguna picardía en el comentario, fue se­guramente sin intención, inocente­mente.
-"Había venido de un puesto de atrás del Ne­vado[6], ya me parecía a mí que no era de por acá. Soy nacida y criada en la Colonia y no lo tenía visto. Otra cosa me pareció: ya le gus­taba yo"... Sus pa­dres, después me en­teré, eran puesteros de esos de largos silen­cios, Y él no conocía otras faenas que no fueran las del campo; no sabía de viñas pero quería quedarse sin que le regalaran nada, traba­jando en los surcos, aprendiendo. Ade­más, la Colonia fue lo más cerca que pudo lle­gar al centro cuando decidió bajar al pue­blo.
 La tía lo recibió ofreciéndole casa y trabajo en la pequeña finca: hacía falta una mano de va­rón para podar, atar, desorillar, todas esas co­sas que hace un hombre aparte de la cose­cha.  Además el tío ya estaba cansado de andar solo y se le hacía cada vez más cuesta arriba tratar con los golondrinas[7].
 Y así fue que se quedó; pero  extrañaba a los pa­dres, los hermanos, el puesto y ese paisaje duro y seco que tanto me impresionó cuando me llevó a conocerlos en la chatita del tío, al tiempo, cuando con la compañía de la Car­men, mis padres no pu­dieron ne­garme el permiso.
-Ésta es la mamá... Se llama Josefina -no me acuerdo haber recibido un beso más lindo en mi vida de otra señora que no fuera de mi pro­pia mamá.
-...El papá... se llama Eusebio. -se levantó sa­cán­dose el sombrero y la mano que me dio, calentita y firme, se quedó un ratito con la mía mientras me miraba directamente a los ojos y yo supe que nunca más me iba a separar de esa familia.
-Y la Filomena? -preguntó el Fermín
-Anda por el puesto de los Rojas... ya ha de estar al caer -contestó doña Josefina (des­pués supe que no le gustaba que le dijeran doña).
-Y el Solano ha ido a buscar los chivos, pero tam­bién ya ha de venir. Los debe haber es­cu­chado que venían peludiando[8].
 Después de las presentaciones, me enfrenté por primera vez con uno de esos silencios lar­gos a los cuales cuesta acostumbrarse.  Antes es­tuvo pre­sente la gentil invitación:
-Asiento... asiento. -señalando las sillas ba­jas, que en sus inicios fueran de totora[9] y ahora es­ta­ban forradas en cuero de chivo, mientras ellos se sen­taban acomodándose las bomba­chas en algunas partes remenda­das, pero siempre lim­pias, con el sombrero en la mano y la orden breve, sin des­per­diciar palabras.
-Fermín, cuando llegue el Solano, pillá carne[10], así comemos más noche; de paso te vas a lle­var vos también. Pa' vos y pa' la chica, que le lleve algo a los padres.
-Sí papá. -y allá salió retozando como si lo hu­bie­ran tenido atado. No me fue difícil com­pren­der dónde estaba la felicidad de este mucha­chón grandote y bueno que me había elegido para ma­dre de sus hijos.
 Al rato llegó la Filomena, y con esa compli­ci­dad fácil que tenemos a veces las mujeres, en­se­guida nos hicimos amigas y nos llevó a la Car­men y a mí a la pieza y allí nos mostró lo que estaba jun­tando "pa' cuando me case".  Pa' cuando ella se casara, pensé con más ale­gría que envidia.
 Nosotros habíamos soñado con niños, pero to­davía faltaba tanto tiempo...
 Cuando se encontraron con el Solano el abrazo duró un largo rato, al separarse salta­ban dando  vueltas como cachorros, se toca­ban y se de­cían cosas que sólo ellos enten­dían sin impor­tarle nada de los que estába­mos a su alrededor.
Yo pude ver en las arruguitas que rodeaban los ojos de Don Eusebio, la ternura que le pro­ducía ver a sus dos muchachos vol­viendo a ser ni­ños.
 Al finalizar el juego y el reconoci­miento se pu­sie­ron las manazas en los hom­bros y allá par­tieron a bus­car los chivos que iban a carnear para la no­che. Nosotros, con la Filo­mena y la Carmen fui­mos a ver desde afuera del corral de pirca, la faena de acer­carle a las ma­dres los chivatitos para que los ama­man­taran, pero nos retiramos cuando los varo­nes comen­zaron a prepararse para el carneo, y nos fui­mos a sen­tar con doña Josefina en esas sillas petisi­tas.
 -Filomena...
-Qué, mamá...
-Cuando hirva[11] el agua prepará el mate... po­nele un poquito de chinchil[12] y traé las sopaipi­llas[13] que  la Emilia nos ha regalado un dulce de to­mate que vamos a probar... a ver si es tan rico como dice.
 Yo me puse colorada hasta las orejas, pero cuando le vi la picardía en esos ojitos, me di cuenta que no había maldad en sus palabras.  Todo era con ga­nas de embromar, nomás.
 Desde la distancia pude ver cuando el So­lano sos­teniendo con la rodilla el cuerpo del ani­mal, le pa­saba por la garganta el afilado cu­chillo que ha­bía sacado de su cintura, y que luego limpió de sangre en las alpargatas. El Fermín le ayudó a colgarlo de un palo que estaba atravesado afuera del corral y con el facón de él, abrirlo desde el co­gote hasta las verijas. Con movi­mien­tos justos, como si no hu­biera dejado de hacerlo nunca, sa­car las vísceras y tirár­selas a los pe­rros que an­daban merodeando sin acer­carse por temor a los planazos[14] con que los espan­ta­ban.
  Eran muchos los perros, y tenían unos nom­bres que demostraban a las claras la ternura parca de sus dueños: estaban el Mota, el Chino, el Ca­chimba, y un poco más alejado uno que le llama­ban el Malo,  o sim­plemente Perro. Con el único que se daba era con el Fermín, y según me con­taban, se había vuelto más hosco, más huraño con la partida de su dueño. Tanto que a veces ni aceptaba la co­mida, y otras desapare­cía vol­viendo a la se­mana con huellas de peleas, heridas que se sanaba la­miéndose. Comía cui­ses[15], lagartijas y hasta al­guna culebra supo traer colgada del ho­cico. Con el Fer­mín se mira­ron un largo rato y cuando se reco­no­cie­ron, el Perro no se le des­pegó más de los talones.  Cuando nos vini­mos, a instan­cias de la mamá del Fermín lo trajo para la casa y ahí se aque­renció pronto. 
-Ésta es mi novia... -le decía al Malo el Fer­mín- cui­dado con andar haciéndote el loco con ella... me entendés?
  El animal lo miró, inmóvil, como si de veras com­prendiera.
-Tenés que cuidarla como si fuera yo mismo... es­tamos?
 Y, a manera de cariño, le dio una cachetada en el anca y el Perro se quedó quietito en el rincón y a mí me parecía que me miraba con esos ojos ama­rillos, y no sabía cómo sen­tirme, si con miedo o más confiada.
 El tiempo me demostró que, a su manera me ha­bía adoptado como parte de su propiedad. (...)







[1]turno del agua: horario aleatorio que el viña­tero tiene para regar su parcela
[2]chipica: gramilla, especie de césped silvestre
[3]La Hedionda: Arroyo seco con el que limita físicamente San Rafael.
[4]chirigua: pájaro pequeño de vuelo bajo que en las siestas emite su canto, parecido  un chirrido
[5]melesca: viene de miel. Se le denomina así a los racimos que los cosechadores dejan en las hileras y al madurar son sumamente dulces.
[6]Nevado: Importante cerro del sur de la ciudad de San Rafael.
[7]Peón "golondrina": peón de juntada que, "va de región en región / siguiendo el rastro del clima" A.Tejada Gómez dixit
[8]Peludiar: hacer lo que hace el "peludo": pozos. Esto es: cuando la huella es de muy difícil tránsito, el vehículo se entierra y hay que sacarlo con más maña que fuerza.
[9]Totora: Junco o espadaña que crece en los terrenos húmedos. Se usa, entre otras cosas, para el asiento de las sillas.
[10]Pillar carne: Modismo que significaría elegir un animal y sacrificarlo para su consumo.
[11]Hirva: Hierva, del verbo hervir
[12]Chinchil: Hierba de la sierra.
[13]Sopaipilla: Torta frita en grasa, hecha con harina, agua, sal y muy poca levadura.
[14]Planazo: Golpe dado de plano con el cuchillo, más por asustar que por hacer daño.
[15]Cuis: Conejo del cerco. Pequeño roedor del tamaño del ratón de campo.

12 enero 2012

QUE NADIE SE ATREVA A TOCAR A MI VIEJA

Pensando en mi madre: La Pila. Adriana  la mamá del Walter y en la madre de mis hijos y en la de de mis nietos. Coo amor:
LA MAMADRE:

La mamadre viene por ahí,
con zuecos de madera. Anoche
sopló el viento del polo, se rompieron
los tejados, se cayeron
los muros y los puentes,
aulló la noche entera con sus pumas,
y ahora, en la mañana
de sol helado, llega
mi mamadre, doña
Trinidad Marverde,
dulce como la tímida frescura
del sol en las regiones tempestuosas,
lamparita
menuda y apagándose,
encendiéndose
para que todos vean el camino.

Oh dulce mamadre
—nunca pude
decir madrastra—,
ahora
mi boca tiembla para definirte,
porque apenas
abrí el entendimiento
vi la bondad vestida de pobre trapo oscuro,
la santidad más útil:
la del agua y la harina,
y eso fuiste: la vida te hizo pan
y allí te consumimos,
invierno largo a invierno desolado
con las goteras dentro
de la casa
y tu humildad ubicua
desgranando
el áspero
cereal de la pobreza
como si hubieras ido
repartiendo
un río de diamantes.

Ay mamá, ¿cómo pude
vivir sin recordarte
cada minuto mío?
No es posible. Yo llevo
tu Marverde en mi sangre,
el apellido
del pan que se reparte,
de aquellas
dulces manos
que cortaron del saco de la harina
los calzoncillos de mi infancia,
de la que cocinó, planchó, lavó,
sembró, calmó la fiebre,
y cuando todo estuvo hecho,
y ya podía
yo sostenerme con los pies seguros,
se fue, cumplida, oscura,
al pequeño ataúd
donde por primera vez estuvo ociosa
bajo la dura lluvia de Temuco.


Ay mamá, ¿cómo pude
vivir sin recordarte
cada minuto mío?
No es posible. Yo llevo
tu Marverde en mi sangre,
el apellido
del pan que se reparte,
de aquellas
dulces manos
que cortaron del saco de la harina
los calzoncillos de mi infancia,
de la que cocinó, planchó, lavó,
sembró, calmó la fiebre,
y cuando todo estuvo hecho,
y ya podía
yo sostenerme con los pies seguros,
se fue, cumplida, oscura,
al pequeño ataúd
donde por primera vez estuvo ociosa
bajo la dura lluvia de Temuco.
La mamadre viene por ahí,
con zuecos de madera. Anoche
sopló el viento del polo, se rompieron
los tejados, se cayeron
los muros y los puentes,
aulló la noche entera con sus pumas,
y ahora, en la mañana
de sol helado, llega
mi mamadre, doña
Trinidad Marverde,
dulce como la tímida frescura
del sol en las regiones tempestuosas,
lamparita
menuda y apagándose,
encendiéndose
para que todos vean el camino.

Oh dulce mamadre
—nunca pude
decir madrastra—,
ahora
mi boca tiembla para definirte,
porque apenas
abrí el entendimiento
vi la bondad vestida de pobre trapo oscuro,
la santidad más útil:
la del agua y la harina,
y eso fuiste: la vida te hizo pan
y allí te consumimos,
invierno largo a invierno desolado
con las goteras dentro
de la casa
y tu humildad ubicua
desgranando
el áspero
cereal de la pobreza
como si hubieras ido
repartiendo
un río de diamantes.

Ay mamá, ¿cómo pude
vivir sin recordarte
cada minuto mío?
No es posible. Yo llevo
tu Marverde en mi sangre,
el apellido
del pan que se reparte,
de aquellas
dulces manos
que cortaron del saco de la harina
los calzoncillos de mi infancia,
de la que cocinó, planchó, lavó,
sembró, calmó la fiebre,
y cuando todo estuvo hecho,
y ya podía
yo sostenerme con los pies seguros,
se fue, cumplida, oscura,
al pequeño ataúd
donde por primera vez estuvo ociosa
bajo la dura lluvia de Temuco.

08 noviembre 2011

SÓLO LUZ

Una de las obras preferidas del alfio



http://youtu.be/nZvvAlm1B2I

Carta a perdiguero - Albérico Mansilla
Don César, viera el otoño
Cómo ha puesto a Mendiolaza
Desnuda de sombra está
La arboleda de la casa.

El sol en las altas moras
Desnuda su tibio alarde
Y horneritos de papel
Pintan la paz de la tarde

Estribillo
Cuando quiera estar de vuelta,
Ni me avise, no hace falta,
Si se acuerda, tráigase
Ese vinito de Salta
Un abrazo, acuérdese
de ese vinito de Salta.

La tarde es de cobre antiguo,
Cuando el sol anda en los cerros.
Después, hasta el aire es gris
Triste y gris como el destierro.

Ni la acequia canta ahora
La vidala de su arrullo.
Y está más seco el cardón
Que traje de Chañar Muyo.

Al Estribillo
Letra de Albérico Mansilla
Musica de Dino Saluzzi